Vivencias desde el corazón de Asturias
  LA MONTAÑA CENTRAL DE ASTURIAS

La Montaña Central está en la puerta de Asturias. Es la conformación geográfica de un nutrido grupo de concejos a la vera de los ríos Nalón, Caudal, Turón, Lena, Aller y San Isidro, entre otros cauces fluviales que recorren estos territorios de la hullera Cuenca Central. Su nombre de promoción turística es la marca de calidad para conocer lo que significa un paisaje maduro y sorprendente, unas localidades cargadas de razón urbana y rural, junto a una ruta de la plata ambiciosa que deja rastro en estos lares, y un Camino de Santiago que recorre estos entornos desde el puerto de Pajares hasta los límites con Oviedo próximos al portazgo de la Manzaneda, abrazando peregrinos y abriendo fronteras.

Los rectores de esta nominación turística, Montaña Central, están trabajando bien y con ahínco para lanzar a estos espacios sujetos a los concejos de Mieres, Lena, Aller, Morcín, Riosa y Ribera de Arriba, a la búsqueda de realidades en forma de flujos turísticos que gusten de disfrutar de entornos atractivos. Hace más de una década, el turismo como actividad económica sonaba a chino por esta latitudes; la industria extractiva del carbón y la siderúrgica entre otras manufacturas eran suficientes para armar el abanico de la rentabilidad. Sin embargo con los nuevos tiempos que nos vienen, los recursos naturales de estos enclaves han sido susceptibles de fomento, y gobernantes y gobernados supieron de ese futuro turístico y con estilo y sagacidad se animaron a probar fortuna en un campo hasta la fecha desconocido.

Y los hechos están ahí. Hoteles rurales y casas de comidas por todo el territorio. Más de dos mil camas para la ocupación hotelera, mejora de las infraestructuras viarias, conservación de los ríos y de los elementos etnográficos, proyección del patrimonio artístico e industrial, nuevos servicios de interés y especialmente mucho entusiasmo para afrontar la nueva industria del turismo.

La zona tiene tirón, sin duda alguna, y las potencialidades son casi infinitas para alcanzar la modernidad y ofrecer un producto turístico de primera. Con esas completas bases se puede hacer un monumento a la realidad turística. Paisaje, paisanaje y la portentosa culinaria de estos lugares de vida, dulzura, niebla y sacrificio, son golpes inusitados de verdad para recrearse en notables paraísos cercanos.

Y esta gastronomía está a la altura de las mejores del Principado, con guisanderas loables y excelentes que saben elaborar un producto sencillo en ambrosía de calidad. Y qué decir de los establecimientos hosteleros, pues que siguen los pasos de la profesionalidad y convierten el sector servicios en lo que tiene ser: buen servicio para ganar clientela. Lo tengo comprobado en infinidad de ocasiones. Ahora lo interesante es que esa prueba de fuego se expansione para conocimiento de los posibles viajeros o turistas. Y dentro del ambiente minero básico se esconde un abanico de posibilidades turísticas que dejan al foráneo perplejo y al próximo dubitativo.

La Montaña Central con su indómita orografía, sus puertos de altura, sus estaciones invernales, su folclore, sus fiestas, su ejemplaridad asociativa y sus huellas del pasado, está marcando paso a paso un camino ambicioso en el devenir del sector de los servicios. Y aquí, sus generadores han sabido husmear en el campo turístico y aprovechar todo el elenco de recursos que atesora una zona ahíta de tradición, esfuerzo minero y belleza compulsiva.

Fuente: Nueva España

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